Fenomenología de la opacidad
- Daniel Tau
- 15 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Introducción
Hay un cubo negro reluciente en el centro de la sala de Fundación Cazadores. El objeto impone su presencia. Los espectadores, dependiendo de la perspectiva, no terminan de comprender la figura y le asignan diversos semblantes: pizarrón, panel, obstáculo.
El cubo está ahí, firme, impoluto, como esperando (o anunciando) algo.

1. Los planes
La operación nace de dos intuiciones: el concepto de caja negra como símbolo de lo inaccesible y la sospecha de que, en un programa como Presente Continuo (que fusiona arte, ciencia y tecnología), tal vez lo más potente no sea reproducir el imaginario habitual –IA, cables, circuitos, sensores– sino desplazarlo hacia terra incognita.
A lo largo de las reuniones del grupo, las ideas se acumulan, pero una imagen conquista el set mental desde el principio: el cubo negro. Al que se le sumará otro cubo más pequeño en el interior.
El resto es técnica: erigir un cubo exterior de Durlock, 1,70 metros por lado; un cubo interior de porcelanato, de 0,80. Encaje perfecto. Ni muñecas rusas ni cajas chinas: cubos.
Pero eso no podía ser todo.
Diseñan entonces una serie de armas atemporales, mezcla de arcaico y futurista, provenientes de una guerra que aún no ocurrió. Son mucho más que objetos decorativos: quieren hacerle algo al cubo.
Punzarlo, picarlo, quebrar su resistencia.
2. Los hechos
En medio del bullicio y el calor, aparecen tres personas con mamelucos azules. No se sabe si son mecánicos, supervisores de planta o artistas. Portan las armas y las depositan en el suelo. Descansan. Acto seguido rodean el cubo, lo tantean. Es un reconocimiento ritual de la pieza, y de ellos mismos.
Vuelven a sus posiciones originales, recogen las armas, las exhiben a la audiencia y de repente se lanzan.
Hasta hace unos minutos afinaban detalles de la construcción; ahora emprenden la misión inversa: destruirlo.
Se percibe saña en los golpes.
Tras la primera embestida, las armas pasan al público.
Y ocurre lo inesperado: el gesto se expande y toma la sala.
La gente golpea la superficie negra con más ímpetu que los performers: se respira otro aire, denso, tenso. Por un momento, la acción trastoca las coordenadas espacio temporales.

El cubo, hasta entonces un bloque cerrado, deviene catalizador. No importa ya su calidad escultórica. Es un aura que convoca la presencia de los cuerpos (en realidad, la obra no es el cubo sino el movimiento de fuerzas que se desata a su alrededor).
La estructura queda parcialmente fracturada, insinuando apenas una parte de aquello que oculta. Merleau-Ponty diría que lo invisible no se opone a lo visible: lo habita. Es su misterio interior.
En las jornadas siguientes, sobre todo los niños sienten la urgencia de continuar la faena (algunos adultos los emulan), como si algo siguiera vibrando adentro y ellos lo supieran mejor que el resto. Pero nadie atraviesa el segundo cubo: prefieren la inminencia de la revelación a la revelación misma.
Laura Colombo, Elías Sarquis y Manuel Quaranta
Registro performance:
Performers: Laura Colombo, Elías Sarquis y Manuel Quaranta
Performance realizada el jueves 27 de noviembre a las 21:00 en Fundación Cazadores, en el marco de la muestra final del programa Presente Continuo (27 al 30 de noviembre).
Programa organizado por Fundación Bunge & Born, Fundación Andreani y Fundación Williams.
Grupo participante: Laura Colombo, Elías Sarquis, Manuel Quaranta y Celeste Massín.



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